D+C Desarrollo y Cooperación (No. 2, Marzo/abril 2002,
p. 15 - 16)

El camino más corto al Paraíso
El culto de los mártires y los atentados suicidas
Charlotte Schmitz

Los atentados del 11 de septiembre tienen consecuencias tan profundas, que parecen ser algo nunca visto y singular. Sin embargo, los primeros ataques suicidas por motivos políticos se llevaron a cabo ya en el siglo XI. El ismaelita Hassan Sabah enviaba desde su castillo en las montañas mensajeros de la muerte. Hoy hay suicidas políticos en muchos círculos culturales y no sólo en el islámico.
Hassan Sabah era llamado «el anciano de la montaña». Marco Polo trajo a Europa la noticia de sus jardines de ensueño en el castillo de Alamut, sin haber visto nunca la sede de su gobierno en las montañas Alburz, en el norte de Irán. Hassan Sabah había elegido el castillo como lugar de retiro en 1090. Desde allí enviaba comandos suicidas que cometieron los primeros crímenes por motivos políticos de que se tiene noticia. El ismaelita Hassan Sabah quería liberar su patria persa del dominio de los selyucos (turcos). La primera víctima fue el visir Nizam Al Mulk.
Entonces se supuso que los autores del atentado habían actuado obnubilados por drogas. Sólo así se podía explicar su desprecio por la vida. Por ello, los seguidores de Hassan Sabah fueron llamados «hachachines»: fumadores de hachís. De su existencia informó Marco Polo en Italia, donde la palabra «hachachino» se transformó en «assasinos», o sea «asesino».
La víctima más conocida de los «Assasinos» fue Conrado de Montferrat, Rey de Jerusalén. Los autores del atentado se vistieron de monjes cristianos para matarlo en 1192. Los ismaelitas habían extendido por entonces su reino hasta Siria y eran un poderoso enemigo de los Cruzados. Los ismaelitas se escindieron del Islam chiíta porque tenían otra interpretación sobre la sucesión de los antepasados de los imanes, los sucesores del cuñado de Mahoma, Alí. Su poderío terminó en 1256, cuando los mongoles invadieron Persia, aplicaron la táctica de la «tierra quemada» y destruyeron también el castillo de Alamut. Hoy viven en Irán sólo unos pocos ismaelitas. Su guía religioso es Agha Khan, cuyas riquezas legendarias son objeto de artículos una y otra vez en la prensa sensacionalista. Agha Kahn, residente actualmente en el exilio en París, ya no tiene sin embargo influencia política alguna.
Durante siglos, de los asesinos de Hassan Sabah quedó sólo el recuerdo de sus horrorosos atentados. A fines de los años 80 del siglo XX comenzaron a sucederse nuevamente atentados en los que sus autores aceptaban su propia muerte o contaban con ella.

La prohibición del suicidio
en el Islam
Un islamista de 17 años hizo volar por los aires en 1982 el cuartel general de las tropas de ocupación israelíes en el sur del Líbano. Debajo de los escombros del edificio de ocho pisos murieron el autor del atentado y otras 89 personas. Un año después, suicidas condujeron un camión lleno de dinamita hacia el cuartel general de los marines estadounidenses en Beirut. Con los autores del atentado murieron más de 300 otras personas. Luego fue cometido otro atentado similar contra un cuartel francés. Poco después, las fuerzas armadas tanto estadounidenses como francesas se retiraron del Líbano. «El éxito político de los atentados influyó sobre la interpretación teológica», dice Harald Müller, director de la Fundación de Estudios sobre la Paz y los Conflictos, en el Estado de Hesse, Alemania. A pesar de que el Islam prohibe rigurosamente el suicidio, el clero chiíta, en vista del éxito de los atentados, cambió de opinión y los calificó de «legítimos». Más tarde, también teólogos sunitas se adhirieron al punto de vista de sus pares chiítas, agrega Müller.
Esa interpretación de la actitud de los chiítas es controvertida, sin embargo, entre los orientalistas. Udo Steinbach, director del Instituto Alemán de Estudios Orientales, con sede en Hamburgo, contradice esa opinión de que teólogos chiítas aprobaron en algún momento atentados suicidas. Incluso durante el auge de Hisbollah, teólogos de primera línea callaron sobre ese tema. La justificación religiosa no provino nunca de autoridades religiosas sino, a lo sumo, de los propios autores de los atentados, agrega Steinbach, y, en su opinión, los teólogos islámicos nunca aprobarían la ruptura del tabú del suicidio.

Entre la religión y la política
A menudo no es posible discernir si los teólogos se dejan uncir para fines políticos o si los movimientos políticos ponen como pretexto móviles religiosos: ambas esferas tienen un área de superposición. También en el caso de los últimos atentados en EE.UU. es difícil distinguir entre móviles políticos y religiosos, dice el orientalista Harald Müller. Al igual que otros científicos, también Müller advierte que el Islam no es sinónimo de prácticas terroristas. Expertos en seguridad confirman ese juicio.

Un extendido culto a los mártires
Además de la red de Osama Bin Laden, los servicios de seguridad identificaron otros nueve grupos en condiciones de realizar atentados suicidas y de ninguna manera todos ellos de carácter islámico. En la lista figuran la Hisbollah chiíta, el Hamas palestino y la «Djihad Islámica», dos grupos integristas egipcios, el Grupo Armado Islámico GIA argelino, pero también una organización sikh, el Partido Kurdo de los Trabajadores PKK y los Tigres de Liberación de Tamil Eelam (LTTE). Estos últimos y no los grupos islámicos son responsables de la mayoría de los atentados suicidas de los últimos años. Los tamiles realizaron desde 1987 más de 200 atentados, con más de 500 víctimas. Sobre todo mujeres jóvenes de filas de los «Tigres de Liberación» asumieron las misiones suicidas, con el objetivo, de acuerdo con la lógica del LTTE, de acercar a los tamiles a la fundación de un Estado propio en el norte de Sri Lanka. Los suicidas son venerados como mártires después de los atentados. En Sri Lanka, sus retratos se muestran en las calles de las aldeas controladas por los tamiles. De acuerdo con algunos informes, también nuevas armas llevan sus nombres y muñecos con sus figuras son sacados en júbilo por las calles.

Veneración de los inmolados
En el Cercano y Medio Oriente todo «jahid» (caído) es venerado y las madres cuyos hijos caen en lucha no demuestran su duelo públicamente. ¿Qué papel desempeña el culto a los mártires, que incluso puede transformarse en un culto a los héroes? «Quien muestra debilidad, es marginado socialmente», dice Memo Sahin, representante de la «Iniciativa de Intelectuales Kurdos en Europa», y sostiene que «las madres nada pueden hacer y además no quieren perjudicar la causa de sus hijos». Sahin recuerda también a los más de 70 kurdos que se autoinmolaron quemándose vivos en protesta contra la detención de Abdullah Öcalan, Presidente del PKK, sin matar a otras personas. Esos kurdos, agrega, quisieron sentar una señal.
Además de esos seres humanos que se autoinmolaron, hubo en Turquía en los últimos años también algunos atentados suicidas, en parte cometidos por miembros de partidos de izquierda radical y en parte por miembros del PKK. Suicidas kurdos con móviles políticos, entre ellos también mujeres jóvenes, hicieron explotar bombas en cuarteles y comisarías de policía, p. ej. en Dersim, Adana y Sivas. Memo Sahin lo explica con la impotencia que sienten los autores de los atentados: «quien aboga por un objetivo y no ve resultados ni es tenido en cuenta por la opinión pública se venga acometiendo contra sí mismo y contra la sociedad».
Para Abdullah Frangi, representante de la OLP en Alemania, los atentados de comienzos de los años 80 en el Líbano son la consecuencia de una política opresiva. Los militares estadounidenses actuaron en el Líbano sin consideración y la población sufrió mucho bajo su ocupación, agrega. En su opinión, el fenómeno de los atentados suicidas no tiene sólo que ver con el fortalecimiento de los movimientos islamistas y resalta que, independientemente de Hamas o la «Djihad Islámica», también organizaciones políticas seculares realizaron ese tipo de atentados. Para Frangi, las razones son políticas. «Quien ha experimentado el bombardeo de una aldea o de un campo de refugiados no olvida jamás la imagen de los cuerpos destrozados», dice Frangi, quien si bien no creció en campos para refugiados, en tiempo de los ataques aéreos residía en Beirut. «Quien vive desdeñado, sin dignidad y sin patria» es capaz de realizar atentados suicidas», resalta. Agrega, sin embargo, que los atentados de Nueva York y Washington «pusieron al mundo islámico en estado de shock» y que no es cierto que en los campos de refugiados palestinos se hayan festejado.

Factores psicológicos
Tanto el representante kurdo como el palestino son dos voces entre muchas del Sur que quieren llamar la atención sobre la desesperación y el sentimiento de impotencia de muchos habitantes de los países pobres. Científicos occidentales, por el contrario, no subrayan tanto factores sociopolíticos, sino que ponen más el acento en determinantes psicológicas. El investigador de la paz Johan Galtung llama la atención sobre estructuras de pensamiento paralelas. Para Galtung, los objetivos de los atentados del 11 de septiembre - el World Trade Center y el Pentágono - representan los sectores del comercio y la política. Y agrega: «para un musulmán, el comercio es una relación integral, mientras que los científicos occidentales, con sus ideas de costos - beneficios, enseñan la maximización de las ganancias». Según Galtung, también los economistas son integristas, ya que «piensan en términos monocromáticos y creen en una sola doctrina». Agrega que posiciones extremas no existen sólo entre islamistas, sino también en todos los demás círculos culturales y recuerda explícitamente el integrismo cristiano, que tiene adeptos sobre todo en EE.UU.
También en Europa hay ejemplos de atentados suicidas. Harald Müller recuerda el caso de los rusos que a fines del siglo XIX realizaron atentados contra el zar sin tomar en cuenta su propia vida. Además menciona el caso de nazis fanáticos que durante la Segunda Guerra Mundial se reportaban voluntariamente para acciones de comando a las que muy probablemente no sobrevivirían.

El mito de la voluntariedad
En las guerras los soldados siempre se presentaron voluntariamente para acciones de autoinmolación. El más conocido es quizás el caso de los pilotos kamikaze japoneses, que se arrojaban sobre un objetivo con su avión. En las últimas investigaciones, sin embargo, se ha llegado a la conclusión de que el carácter voluntario era más bien un mito. Cierto es que unidades enteras recibían la orden de reportarse «voluntariamente» como kamikaze. La presión social y militar impedía rehusar la orden. En esas acciones murieron miles de pilotos kamikaze, los más jóvenes tenían solo 16 años.

Islas de comunicación
Queda aún por responder la pregunta de por qué algunos seres humanos interiorizan mensajes políticos o religiosos hasta tal punto que no sólo son capaces de matar a otros, sino también de matarse a sí mismos. Algunos psicólogos han estudiado intensamente el carácter de los autores de atentados suicidas y llegaron a la conclusión de que no se trata de personalidades inestables, dado que sujetos depresivos necrófilos no estarían en condiciones de planear atentados a largo plazo. Los psicólogos ven, por el contrario, como causa una «humillación narcisista», combinada con un sentimiento de pérdida de sí mismo y una amenaza a la propia identidad. Cuando grupos organizados, ya sean políticos o religiosos, se aprovechan de esa disposición, en un grupo cerrado puede llegarse a perder el contacto con la realidad. En una especie de retroalimentación, las propias opiniones son confirmadas por el grupo y las opiniones divergentes, rechazadas. Ese efecto refuerza constantemente la propia motivación. El etnólogo berlinés Georg Elwert habla de una «isla de incomunicación», en la que deben de haber vivido los autores de los atentados del 11 de septiembre. «Esas islas con recepción selectiva de información y concepciones duales (el mundo se divide en buenos y malos) son más frecuentes de los que creemos», agrega.
Teniendo en cuenta el trasfondo psicológico, las promesas de salvación religiosa en el más allá parecen ser sólo una motivación secundaria para la ejecución de un atentado suicida. «En la forma de argumentar, los fanáticos de todas las religiones se parecen mucho entre sí», dice Harald Müller, del HSFK. Y agrega que «en una especie de escatología política, éstos ven en el atentado un acto que los acerca a un objetivo religioso deseado y con ello a la promesa de una recompensa en el más allá». ¿El atentado como el camino más rápido al Paraíso?
El orientalista Udo Steinbach pone en duda esa argumentación. Considerar que el autor del atentado irá al Paraíso es una «interpretación muy subjetiva», agrega. En el Islam, al creyente lo espera el Paraíso, pero ello no se aplica a los suicidas, dice Steinbach, «y para ello no hay justificación teológica alguna».
Fuente: epd Entwicklungspolitik
Charlotte Schmitz es periodista free lancer residente en Francfort del Meno

D+C Desarrollo y Cooperación,
editada por: Deutsche Stiftung für internationale Entwicklung (DSE)
Dirección postal de la redacción:
D+C Desarrollo y Cooperación, C. C., D-60268 Frankfurt, Alemania. E-Mail: descoop@gmx.net
|